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LABORATORIOS HIPRA S.A. pone a su disposición un grupo de preguntas y respuestas frecuentes que creemos pueden serles de utilidad:

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¿Por qué existen diferentes tipos de vacunas contra la enfermedad de Gumboro?
Actualmente se utilizan tres tipos de vacunas contra la Enfermedad  de Gumboro: suaves, intermedias e intermedia plus o calientes. Esto es debido a que existen virus de campo con diferentes niveles de virulencia y distintas situaciones epidemiológicas, en las que cada vacuna será la más adecuada. A la hora de escoger la vacuna a utilizar, deben considerarse los siguientes factores: el patotipo del virus de campo presente en la granja o en la zona, el nivel de protección maternal, y el tipo de manejo y bioseguridad presentes en la granja.

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¿Qué vacunas se aplican para proteger a los reproductores frente a la mixomatosis?
Los mejores resultados se han observado administrando una vacuna heteróloga en primovacunación, a partir del mes de edad; y una vacuna homóloga, 2 ó 2.5 meses más tarde. Las revacunaciones posteriores con vacuna homóloga cada 6 meses protegen a los reproductores durante toda su vida productiva.
La administración exclusiva de vacunas heterólogas es recomendable cuando la presión infecciosa es baja, mientras que si es alta, pueden utilizarse las vacunas homólogas.

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En la vacunación frente a M. hyopneumoniae, ¿cómo elegir entre un programa de 1 dosis o un programa de 2 dosis de vacuna?

En general, cabe esperar que los programas con dos dosis de vacuna presenten una eficacia mayor a los de una dosis, debido a que la segunda dosis de vacuna es capaz de inducir el efecto boosting en el sistema inmunitario del animal. Además, los programas con dos dosis de vacuna son capaces de superar con más eficacia la barrera de anticuerpos maternales procedentes del calostro, es decir, reducen el riesgo de neutralizar parcial o totalmente el antígeno vacunal. Sin embargo, en programas con una dosis es recomendable  retrasar la vacunación, a fin de evitar la neutralización parcial o total de este antígeno y, de este modo, reducir el riesgo  perder actividad vacunal.


Para cada explotación, es preciso determinar, mediante serología y/o PCR, la dinámica de infección de Mycoplasma hyopneumoniae. En general, se puede esperar que la vacunación con dos dosis sea rentable en todos aquellas explotaciones en que los animales padecen infecciones muy tempranas (durante la lactación), tempranas (durante la transición) o tardías (en las primeras semanas de entrada del engorde). No obstante, la vacunación con una dosis será probablemente rentable en aquellas explotaciones en que los animales padecen infecciones muy tardías.

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¿Obtenemos una buena respuesta inmunitaria en los terneros cuando los vacunamos al mes de vida?

El estándar de vacunación con una tetravalente vírica por ejemplo (BVD, IBR, BRSV, PI-3) de terneros de corta edad aconseja la primovacunación a las 4-6 semanas de edad, con una dosis de recuerdo 3 ó 4 semanas más tarde. El motivo de esta recomendación es, por un lado, evitar que los anticuerpos calostrales transferidos pasivamente tras el parto al ternero inactiven el virus vacunal y comprometan la respuesta que el sistema inmunitario debe desarrollar tras la vacunación y revacunación. Pero también es recomendable para anticiparse al periodo de mayor incidencia de procesos respiratorios en los terneros jóvenes, que por lo general suele incrementarse a partir de esta edad.


Hay dos conceptos importantes a tener en cuenta: Uno es la duración de los anticuerpos calostrales en sí, y otro es la duración de la “protección” calostral. Los anticuerpos calostrales suelen ser detectables hasta los 5 ó 6 meses de edad, pero la vida media de estos anticuerpos es de unas 4-5 semanas solamente. Esto quiere decir que un mes tras el nacimiento el nivel de anticuerpos calostrales se ha reducido a la mitad. Por ello la vacunación se pospone hasta esta edad, en que la protección conferida por la vaca ha disminuido mucho, el riesgo de infección del ternero y desarrollo de enfermedad es mayor, y los antígenos vacunales ya no son neutralizados y pueden inducir la inmunidad de un modo óptimo. 


Así pues, vacunando a las 4-6 semanas y revacunando 3-4 semanas después, los antígenos vacunales desarrollan una respuesta inmunitaria plena, detectable y cuantificable serológicamente.

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