4. Anticoccidiales o vacunas: ¿qué fue primero?

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4. Anticoccidiales o vacunas: ¿qué fue primero?



La coccidiosis es una enfermedad tan antigua como la avicultura


A finales del siglo XIX, existía mucha confusión acerca del agente causante de la coccidiosis en la avicultura.

En 1891, dos investigadores franceses, Railliet y Lucet, publicaron por primera vez sus observaciones de ooquistes de coccidia en los ciegos intestinales.

El parásito recibió inicialmente el nombre de Coccidium tenellum, pero en 1913 recibió el nombre definitivo de Eimeria tenella, por el que lo conocemos actualmente.
 

In 1891, Railliet and Lucet first observed coccidia oocysts in caeca: E. tenella.

En 1891, Railliet y Lucet observaron por primera vez ooquistes de coccidia en los ciegos intestinales: E. tenella.
 

Entre 1929 y 1932, Tizzer describió por primera vez otras 5 especies de Eimeria: E. acervulina, E. maxima, E. mitis, E. necatrix y E. praecox.

Por último, con el descubrimiento de E. brunetti, realizado por Levine en 1942, se completó la lista definitiva de siete especies de Eimeria.
 

Los anticoccidiales: el método de prevención más utilizado


Al principio, se utilizaron varias moléculas en el pienso para combatir la coccidiosis: los anticoccidiales.

Los primeros anticoccidiales químicos comenzaron a utilizarse en la década de 1950, y pronto quedó claro que estas moléculas presentaban ciertos problemas de eficacia, ya que el parásito podía desarrollar resistencia si se aplicaban varias veces consecutivas en la misma explotación.

Después, durante la década de 1970, se lanzó una nueva generación de anticoccidiales: los ionóforos.

Los ionóforos son coccidiostatos que permiten una multiplicación limitada del parásito, lo que se conoce como «escape o fuga coccidial»: las aves mantienen un cierto grado de contacto con los ooquistes del parásito, de modo que, con el tiempo, adquieren inmunidad.
 

La primera vacuna del mercado contra la coccidiosis


La primera vacuna contra la coccidiosis apareció en Estados Unidos en 1952. Todavía se comercializa y se produce con cepas no atenuadas.

Granja de pollos en los años 50.
 

Las vacunas vivas no atenuadas están elaboradas con parásitos que mantienen su virulencia natural, por lo que pueden causar algún daño en los tejidos y a veces pueden dar lugar a que se manifieste la enfermedad clínica.

En 1975, Thomas K. Jeffers encontró una manera de atenuar una cepa de E. tenella mediante una selección por precocidad.

Este descubrimiento abrió la puerta a una nueva generación de vacunas contra la coccidiosis: la primera vacuna atenuada se registró en el Reino Unido en la década de 1990.

Las vacunas vivas atenuadas están diseñadas específicamente para generar una respuesta inmune con un riesgo limitado de episodios adversos, y un impacto mínimo sobre la mucosa intestinal y el rendimiento de las aves.

 


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